Podología geriátrica


                                        

El cuidado de pies en personas de la tercera edad (podología geriátrica) es esencial para su bienestar. Durante muchos años sus pies han soportado peso, han caminado y, como el resto del cuerpo, sus músculos, articulaciones y huesos han sufrido los síntomas del envejecimiento. Es por ello que es básico aplicar los tratamientos ortopédicos más adecuados para evitar problemas asociados con la inmovilidad y caídas derivadas de ellos. 

Con la edad y algunas enfermedades crónicas como la diabetes, hipertensión arterial, trastornos venosos o el colesterol, comprometen los miembros inferiores. 

"Me duelen tanto los pies que no puedo ni moverme"

"Mi padre no se puede mover ¿le puedes mirar los pies?"

"Tengo un ojo de pollo entre los dedos."

"Me está saliendo un juanete"

"No puedo llevar ningún zapato, todos los deformo."

"Me duele tanto el dedo que hasta el roce de la sábana me molesta."

"Me noto la planta del pie como corcho."

"Tengo los dedos montados y cada día están más deformados."

"Me rozan los dedos con todos los zapatos."

"Tengo diabetes y se clavan las uñas."

"¿Porque tengo las uñas amarillas?"

 

 

La diabetes afecta a 347 millones de personas actualmente a nivel mundial y se prevé un aumento en relación al aumento de obesidad. Esta enfermedad afecta principalmente a la vascularización y nervios, creando neuropatías (falta de sensibilidad en los pies), retraso de la cicatrización y posibles amputación ante un tratamiento tardío.

Para evitar estas situaciones el ICOPCV propone un decálogo para el cuidado de los pies de personas con diabetes: 

1.- Inspeccionar a diario los pies para observar la presencia de ampollas, grietas o erosiones.

2.- Si se desgarrara la piel, debe limpiarse la zona con jabón y agua, aplicar un antiséptico y poner un apósito estéril. No poner el esparadrapo directamente en la piel y no enrollar los dedos porque dificultaría la circulación.

3.- Debe visitarse regularmente al podólogo y de forma inmediata si apareciera una úlcera, ampolla, herida o cualquier otra alteración, aunque sea indolora.

4.- Mantener los pies limpios, secos y suaves. Éstos se han de lavar con un jabón neutro y secarse exhaustivamente sin frotar, especialmente entre los dedos para evitar la maceración de la zona y que pudieran aparecer hongos.

5.- Hidratar los pies adecuadamente, excepto entre los dedos. Es recomendable no dar paseos largos justo después del baño para que la piel se recupere y la crema se reabsorba.

6.- Hay que evitar situaciones que puedan provocar lesiones en los pies. Por eso, es recomendable no utilizar instrumentos cortantes o punzantes (tijeras, cuchillas, cortauñas, agujas, etc.), las durezas y las uñas deben ser cortadas por el podólogo y evitar el uso de agentes químicos como los callicidas porque pueden producir quemaduras y no caminar descalzo.

7.-  Deben evitarse las temperaturas extremas. En invierno es aconsejable mantener los pies calientes con calcetines de lana y algodón y no aplicarles calor directo mediante bolsas de agua, mantas eléctricas, etc.

8.- Las personas que padecen pie diabético nunca deben ir sin medias o calcetines y éstos han de ser anchos y sin costuras para no restringir la circulación.

9.- Utilizar un calzado de puntera redondeada, acordonado, con suela antideslizante y tacón bajo. Debe estar confeccionado en materiales naturales para favorecer la transpiración y ser flexible para que se amolde perfectamente al pie.

10.- Cuando se compren zapatos nuevos, hay que inspeccionar con la mano el interior del calzado para detectar costuras o cualquier otro elemento que pudiera causar erosiones o laceraciones. Además, hay que utilizarlos poco a poco para que se amolden al pie y revisar después de su uso si hubieran provocado ampollas o zonas rojas.